Tendrá
lugar la batalla del Armagedón, y ese día no debe encontrar a ninguno de nosotros
durmiendo. Debiéramos estar completamente despiertos, como vírgenes prudentes
que tenemos aceite en nuestras vasijas y en nuestras lámparas. El poder del
Espíritu Santo debe estar sobre nosotros, y el Capitán de las huestes del Señor
estará a la cabeza de los ángeles del cielo para dirigir la batalla. Solemnes
eventos ocurrirán en el futuro (Carta 112,
1890).
Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón (Apoc. 16:13-16).






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